lunes, 28 de enero de 2013

Euforia

Prueba de sonido. Preparación. Nervios. Vestimenta, maquillaje, calentamiento. Todo correcto. Últimos segundos antes de salir. Mariposas en el estómago; no, más bien lechuzas. Lechuzas que ululan en la oscuridad de mis intestinos, lechuzas que se ponen a volar libremente y rozan con sus alas mi aparato digestivo, provocándome unas inmensas ganas de vomitar. Escucho, desde hace un rato, el alto volumen de los gritos de las fans metros más allá, pero en esos instantes antes de saltar al escenario mis oídos dejan de funcionar, mi vista se nubla, siento unas hormigas en las puntas de mis dedos, que sostienen la Fender, mi querida guitarra eléctrica, antes con fuerza y firmeza; ahora flojamente. De no ser por la correa negra llena de siniestras calaveras que engancha la guitarra a mi hombro, hace rato que habría perdido mi amada guitarra. Y entonces el director del concierto me da la señal, y junto con mis compañeros, mis grupistas, mis amigos, mis músicos, salto al escenario.

Mis dedos se deslizan por las cuerdas de mi Fender como si de seda se tratase, la música resuena en el campo de fútbol repleto de gente gritando, saltando, moviéndose al ritmo de mi canción. Me acerco al micrófono en el momento indicado y grito la letra, dejándome llevar. Euforia. Pasión. Emoción. Libertad. Todo eso siento. Adiós putas lechuzas voladoras en mi estómago, adiós putos nervios. Ya soy feliz, aporreando mi guitarra eléctrica, el heavy metal retumbando por encima de mi cabeza, el público cantando conmigo mi canción. Happifidad.


viernes, 13 de julio de 2012

Dame eso que nunca me atreví a pedirte

Quiero que me des aquello que nunca he tenido, que nunca me han dado o que yo he dado. Quiero que me lo des sinceramente, con amor, con dulzura, con pasión. Quiero que me lo des porque quieres, no porque te sientes forzado a hacerlo, no porque creas que viene a cuento, que encaja en ese momento. Quiero que me lo des cuando sientas que puedes, cuando creas que lo harás sin pararte a mitad de camino, arrepentido. Quiero que me lo des en un lugar que TÚ consideres adecuado, en un momento que TÚ consideres que está bien, en un ambiente que TE guste. Quiero que no te preocupes por mi, estoy siempre lista para ti. Porque, ¿sabes qué quiero? Quiero que me des eso que nunca me atreví a darte, y que no solo sea uno, que sean miles. Que cada día me des uno, que cada vez que nos veamos me regales uno como saludo. ¿Qué quiero? Un beso.

jueves, 5 de julio de 2012

Ella y su vestido turquesa

Estaba despampanante con un vestido turquesa, unas sencillas sandalias plateadas y un bolsito a juego. El peinado era muy simple: el pelo suelto, al aire. La leve brisa procedente de la playa lo alborotaba un poco y le daba un toque mágico a la escena. No llevaba maquillaje, únicamente un poco de brillo de labios. Y nada más.
Yo me acerqué medio escondido entre una multitud de gente que bajaba por la misma peatonal que yo hacia ella. Esperaba que no me viera, y así sorprenderla hablándole al oído desde un lugar que no se imaginaba, pero mi plan se fue al traste cuando la multitud que había delante mío y que me ocultaba se dispersó. Así, quedé descubierto, y ella me miró con un brillo de emoción en sus ojos castaños. Se levantó elegantemente del banco en el que estaba sentada, y el vestido turquesa ondeó a su alrededor. Se acercó a mi a la vez que yo avanzaba hacia ella, y nos encontramos con miradas tímidas cargadas de amor.
-Estás preciosa - le dije. Ella se sonrojó y desvió la mirada. Se acercó otro paso a mi, y me arregló el cuello de la camisa, que siempre me queda mal.
-Ahora, - dijo después de arreglarlo - tú también - terminó la frase con una sonrisa.
-¿Quieres tomar un helado? - le pregunté, señalando una heladería.
-Uhm... Vale - aceptó.
Nos acercamos y pidió uno de chocolate y frambuesa. Estaba sacando la cartera de su bolsito, cuando le frené la mano y le dije que la invitaba. Al principio se negó, pero la convencí. Yo pedí uno de vainilla y limón. Caminamos por el paseo marítimo del Médano, donde estamos, mientras disfrutamos los helados. Entre cucharada y cucharada de helado, comentamos un poco todo: la calle, el mar, viajes, los barcos, la playa, la gente, los compañeros de clase, los amigos, en fin, de todo. Ésa fue una tarde especial.

martes, 3 de julio de 2012

¡Te odio!... Pero te quiero

Odio que no me respondas al segundo cada uno de mis mensajes, ya sean por Whats App, por Facebook, por Twiter o por Hotmail. Odio que me robes patatas fritas cada vez que vamos a McDonals. Odio que me llames a las 12 de la noche para contarme que ves la luna amarilla. Odio que me cojas en brazos y me lleves así por toda la casa, corriendo y gritando. Odio que me des abrazos de osos cuando hacen 40º de calor. Odio que me tires a la piscina cuando no quiero meterme. Odio que me ahogues y me pelees dentro del agua. Odio que gastes toda el agua caliente y que luego, cuando salgo congelada de la ducha, me calientes con abrazos. Odio que me beses detrás de la oreja, porque me hace mucha cosquilla.
Odio todo eso, pero a la vez me encanta, porque son los gestos, los movimientos, las cosas que te hacen ser como eres, y, ¿sabes qué? Te amo así, con todos tus defectos y todas tus virtudes, porque te odio... Pero te quiero.

lunes, 25 de junio de 2012

Getting Ready

Miro el móvil cada tres segundos. Nada. Ningún mensaje de Whats App, ninguna notificación de Tuenti, ni de Facebook, ni de Twiter, ni nada. Mecachis. Me estoy preocupando. Empiezo a mordisquear mi manicura, hecha especialmente para la cita de esta noche. Me miro los pies. Miro el techo. Observo mi cuarto, desordenado por siempre. Ay... Cuánto tarda...
Tin, Tin!
Sí! Su respuesta:
"-Allí estaré. Más te vale tener los labios listos. ;)"
¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! No me lo puedo creer. ¡Estoy... SUPER-ULTRA-MEGA-HIPER-CONTENTA! Desde ese momento, empiezo a prepararme: elijo la ropa (nos pantalones cortos con un top son muy provocativos, tampoco quiero pasarme; unos vaqueros y una camiseta simple, son muy sosos; un vestido, demasiado elegante), y finalmente me decanto por la combinación de una falda azul cielo con una blusa blanca de mangas anchas. En los pies decido ponerme unas sandalias con un poco de tacón, de color blanco, que tienen unas flores a un costado. Me pongo delante del espejo y empiezo a experimentar con mi pelo: media coleta, cola de caballo, peinado de bailarina, unos mechones recogidos con pinzas, echar mi larga melena a un lado, a otro... Elijo la opción del pelo suelto, con mi larga melena de color cobre deslizándose por mi espalda. Me ducho, enjabonándome con un jabón con aroma a lavanda. Dejo que mi pelo se seque con el aire, queda con un toque natural que el secador no permite. Vestida únicamente con mi suave albornoz verde, empiezo a maquillarme. No quiero quedar muy recargada, por lo que uso correctos para las rojeces, un poco de colorete color salmón en mis mejillas, un toque de rimmel en las pestañas, y un pintalabios color rojo granate. Me visto con cuidado, para no manchar la blusa, y desenredo suavemente mi cabello. Me pongo la falda y los zapatos, y descubro que no me convence el conjunto, parece muy diurno. Pruebo con otras combinaciones, y me termino poniendo unos pescadores vqaueros de color azul claro y lo combino con un cinturón azul oscuro de hebilla enorme hecha de pequeños círculos de colores.Comienzo a preparar mi bolso. Escojo el de color  gris clarito, que hace juego con mis pendientes plateados. Pongo el pequeño neceser, la cartera, y dejo pendiente guardar el móvil. Busco mi querida cámara de fotos reflex, esa de las grandes. La guardo cuidadosamente en el estuche y lo coloco junto al bolso en mi cama. Miro por la ventana: el sol aún no se ha puesto detrás del hermoso emblema parisino, la Torre Eiffel. Miro mi reloj de pulsera, y veo que tengo el tiempo justo. Me lavo los dientes apresuradamente, sin olvidar repasar el color rojo de mis labios después, cojo las llaves y me voy. Bajo de mi pequeño apartamento hasta la calle, y pido un taxi para llegar hasta el lugar de encuentro. Espero en la puerta del restaurante, en un banco situado junto al río Sena, en un pequeño parque.
-Hola, bonita -susurra una voz en mi oído.
Me giro con una sonrisa, y sus labios sellan los míos con otra. En ese momento, me siento la persona más feliz del Universo entero.

domingo, 24 de junio de 2012

Yo estoy feliz con ella; ella está feliz conmigo

Sus dedos se deslizan suavemente por mi espalda desnuda. Su mirada absorbe cada detalle del momento. Su corazón late con fuerza, con tesón, con emoción. Puedo sentirlo. Mientras, mi cabello yace desparramado por la almohada. Mis ojos continúan cerrados, disfrutando del océano de emociones que inunda mi alma. Mi piel disfruta del contacto suave de las sábanas en mis piernas, del dulce roce de su dedo por mi espalda.
Así estamos nosotros, juntos, tranquilos, disfrutando del momento en la penumbra. Ahora, pasadas todas las barreras, me siento más unida a él de lo que nunca me sentí. Me siento feliz, orgullosa, relajada.
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Después de tantos esfuerzos, tantos problemas con personas que no nos comprenden, tantos dolores por el deseo de algo imposible; después de todo eso, ya estamos juntos. Estamos unidos por algo invisible, algo privado, nuestro, que solo sentimos, que solo experimentamos nosotros, ella y yo. Nos costó mucho llegar a este punto, a este momento. Nos trajo problemas, enfados y heridas "de alma" de nuestras personas más cercanas, especialmente, su familia. No aprobaban nuestra relación, nuestro amor. Sin embargo, aquí estamos, juntos y felices igualmente, a pesar de ir precisamente en contra de todo lo que nos dijeron.
Yo estoy feliz con ella.
Ella está feliz conmigo.
¿Qué puede hacerle la familia a una pareja unida y feliz?

martes, 19 de junio de 2012

Who will stop the rain?

"Who will stop the rain?": ¿Quién parará la lluvia? Es algo imposible, es inevitable que llueva. Es como querer apagar el sol, como intentar frenar las mareas oceánicas. ¿Ya me comprendes? ¿Entiendes ya a qué me refiero? ¿No? Te lo explicaré mejor: es algo que de ninguna manera podrás hacer, simplemente porque la naturaleza misma es contraria a tu idea. Por ejemplo... Intentar evitar que la arena se escurra entre tus dedos cuando la coges. Intentar que una manzana flote en el aire, sin gravedad. ¿Sigues sin comprender? Mmmmhhhmmm... ¿Cómo te explico...? Es como intentar realizar algo irrealizable, intentar hacer visible algo  invisible, como el viento; o posibilitar algo imposible. ¿Todavía no entiendes a qué me refiero? Hablo de cosas que no se pueden hacer: parar la lluvia, apagar el sol, coger el viento con las manos, frenar las olas, atrapar el agua entre los dedos... O evitar mi amor. Sí, aquí quería llegar. De esto es de lo que realmente quería hablar. De que estoy enamorada de ti, y de que no lo puedo evitar, por mucho que tú no me correspondas, por mucho que no me hables, por mucho que me odies o que no me soportes. ¿Qué quieres que haga? No puedo evitarlo. Y la verdad es que, por una parte, quiero evitarlo, quiero dejar de pensar en ti cada vez que cierro los ojos, quiero dejar de mirarte disimuladamente cuando no me miras, quiero dejar de hacer historias con nosotros como protagonistas. Por esa parte, quiero olvidarte, pasar página. Pero por otra, me resulta tan agradable oír tu voz, ver tu sonrisa, tontear contigo, que se me van las ganas de olvidarte. En fin, no tengo más que decirte. Solamente eso, que te quiero sin querer.