jueves, 5 de julio de 2012

Ella y su vestido turquesa

Estaba despampanante con un vestido turquesa, unas sencillas sandalias plateadas y un bolsito a juego. El peinado era muy simple: el pelo suelto, al aire. La leve brisa procedente de la playa lo alborotaba un poco y le daba un toque mágico a la escena. No llevaba maquillaje, únicamente un poco de brillo de labios. Y nada más.
Yo me acerqué medio escondido entre una multitud de gente que bajaba por la misma peatonal que yo hacia ella. Esperaba que no me viera, y así sorprenderla hablándole al oído desde un lugar que no se imaginaba, pero mi plan se fue al traste cuando la multitud que había delante mío y que me ocultaba se dispersó. Así, quedé descubierto, y ella me miró con un brillo de emoción en sus ojos castaños. Se levantó elegantemente del banco en el que estaba sentada, y el vestido turquesa ondeó a su alrededor. Se acercó a mi a la vez que yo avanzaba hacia ella, y nos encontramos con miradas tímidas cargadas de amor.
-Estás preciosa - le dije. Ella se sonrojó y desvió la mirada. Se acercó otro paso a mi, y me arregló el cuello de la camisa, que siempre me queda mal.
-Ahora, - dijo después de arreglarlo - tú también - terminó la frase con una sonrisa.
-¿Quieres tomar un helado? - le pregunté, señalando una heladería.
-Uhm... Vale - aceptó.
Nos acercamos y pidió uno de chocolate y frambuesa. Estaba sacando la cartera de su bolsito, cuando le frené la mano y le dije que la invitaba. Al principio se negó, pero la convencí. Yo pedí uno de vainilla y limón. Caminamos por el paseo marítimo del Médano, donde estamos, mientras disfrutamos los helados. Entre cucharada y cucharada de helado, comentamos un poco todo: la calle, el mar, viajes, los barcos, la playa, la gente, los compañeros de clase, los amigos, en fin, de todo. Ésa fue una tarde especial.

martes, 3 de julio de 2012

¡Te odio!... Pero te quiero

Odio que no me respondas al segundo cada uno de mis mensajes, ya sean por Whats App, por Facebook, por Twiter o por Hotmail. Odio que me robes patatas fritas cada vez que vamos a McDonals. Odio que me llames a las 12 de la noche para contarme que ves la luna amarilla. Odio que me cojas en brazos y me lleves así por toda la casa, corriendo y gritando. Odio que me des abrazos de osos cuando hacen 40º de calor. Odio que me tires a la piscina cuando no quiero meterme. Odio que me ahogues y me pelees dentro del agua. Odio que gastes toda el agua caliente y que luego, cuando salgo congelada de la ducha, me calientes con abrazos. Odio que me beses detrás de la oreja, porque me hace mucha cosquilla.
Odio todo eso, pero a la vez me encanta, porque son los gestos, los movimientos, las cosas que te hacen ser como eres, y, ¿sabes qué? Te amo así, con todos tus defectos y todas tus virtudes, porque te odio... Pero te quiero.

lunes, 25 de junio de 2012

Getting Ready

Miro el móvil cada tres segundos. Nada. Ningún mensaje de Whats App, ninguna notificación de Tuenti, ni de Facebook, ni de Twiter, ni nada. Mecachis. Me estoy preocupando. Empiezo a mordisquear mi manicura, hecha especialmente para la cita de esta noche. Me miro los pies. Miro el techo. Observo mi cuarto, desordenado por siempre. Ay... Cuánto tarda...
Tin, Tin!
Sí! Su respuesta:
"-Allí estaré. Más te vale tener los labios listos. ;)"
¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! No me lo puedo creer. ¡Estoy... SUPER-ULTRA-MEGA-HIPER-CONTENTA! Desde ese momento, empiezo a prepararme: elijo la ropa (nos pantalones cortos con un top son muy provocativos, tampoco quiero pasarme; unos vaqueros y una camiseta simple, son muy sosos; un vestido, demasiado elegante), y finalmente me decanto por la combinación de una falda azul cielo con una blusa blanca de mangas anchas. En los pies decido ponerme unas sandalias con un poco de tacón, de color blanco, que tienen unas flores a un costado. Me pongo delante del espejo y empiezo a experimentar con mi pelo: media coleta, cola de caballo, peinado de bailarina, unos mechones recogidos con pinzas, echar mi larga melena a un lado, a otro... Elijo la opción del pelo suelto, con mi larga melena de color cobre deslizándose por mi espalda. Me ducho, enjabonándome con un jabón con aroma a lavanda. Dejo que mi pelo se seque con el aire, queda con un toque natural que el secador no permite. Vestida únicamente con mi suave albornoz verde, empiezo a maquillarme. No quiero quedar muy recargada, por lo que uso correctos para las rojeces, un poco de colorete color salmón en mis mejillas, un toque de rimmel en las pestañas, y un pintalabios color rojo granate. Me visto con cuidado, para no manchar la blusa, y desenredo suavemente mi cabello. Me pongo la falda y los zapatos, y descubro que no me convence el conjunto, parece muy diurno. Pruebo con otras combinaciones, y me termino poniendo unos pescadores vqaueros de color azul claro y lo combino con un cinturón azul oscuro de hebilla enorme hecha de pequeños círculos de colores.Comienzo a preparar mi bolso. Escojo el de color  gris clarito, que hace juego con mis pendientes plateados. Pongo el pequeño neceser, la cartera, y dejo pendiente guardar el móvil. Busco mi querida cámara de fotos reflex, esa de las grandes. La guardo cuidadosamente en el estuche y lo coloco junto al bolso en mi cama. Miro por la ventana: el sol aún no se ha puesto detrás del hermoso emblema parisino, la Torre Eiffel. Miro mi reloj de pulsera, y veo que tengo el tiempo justo. Me lavo los dientes apresuradamente, sin olvidar repasar el color rojo de mis labios después, cojo las llaves y me voy. Bajo de mi pequeño apartamento hasta la calle, y pido un taxi para llegar hasta el lugar de encuentro. Espero en la puerta del restaurante, en un banco situado junto al río Sena, en un pequeño parque.
-Hola, bonita -susurra una voz en mi oído.
Me giro con una sonrisa, y sus labios sellan los míos con otra. En ese momento, me siento la persona más feliz del Universo entero.

domingo, 24 de junio de 2012

Yo estoy feliz con ella; ella está feliz conmigo

Sus dedos se deslizan suavemente por mi espalda desnuda. Su mirada absorbe cada detalle del momento. Su corazón late con fuerza, con tesón, con emoción. Puedo sentirlo. Mientras, mi cabello yace desparramado por la almohada. Mis ojos continúan cerrados, disfrutando del océano de emociones que inunda mi alma. Mi piel disfruta del contacto suave de las sábanas en mis piernas, del dulce roce de su dedo por mi espalda.
Así estamos nosotros, juntos, tranquilos, disfrutando del momento en la penumbra. Ahora, pasadas todas las barreras, me siento más unida a él de lo que nunca me sentí. Me siento feliz, orgullosa, relajada.
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Después de tantos esfuerzos, tantos problemas con personas que no nos comprenden, tantos dolores por el deseo de algo imposible; después de todo eso, ya estamos juntos. Estamos unidos por algo invisible, algo privado, nuestro, que solo sentimos, que solo experimentamos nosotros, ella y yo. Nos costó mucho llegar a este punto, a este momento. Nos trajo problemas, enfados y heridas "de alma" de nuestras personas más cercanas, especialmente, su familia. No aprobaban nuestra relación, nuestro amor. Sin embargo, aquí estamos, juntos y felices igualmente, a pesar de ir precisamente en contra de todo lo que nos dijeron.
Yo estoy feliz con ella.
Ella está feliz conmigo.
¿Qué puede hacerle la familia a una pareja unida y feliz?

martes, 19 de junio de 2012

Who will stop the rain?

"Who will stop the rain?": ¿Quién parará la lluvia? Es algo imposible, es inevitable que llueva. Es como querer apagar el sol, como intentar frenar las mareas oceánicas. ¿Ya me comprendes? ¿Entiendes ya a qué me refiero? ¿No? Te lo explicaré mejor: es algo que de ninguna manera podrás hacer, simplemente porque la naturaleza misma es contraria a tu idea. Por ejemplo... Intentar evitar que la arena se escurra entre tus dedos cuando la coges. Intentar que una manzana flote en el aire, sin gravedad. ¿Sigues sin comprender? Mmmmhhhmmm... ¿Cómo te explico...? Es como intentar realizar algo irrealizable, intentar hacer visible algo  invisible, como el viento; o posibilitar algo imposible. ¿Todavía no entiendes a qué me refiero? Hablo de cosas que no se pueden hacer: parar la lluvia, apagar el sol, coger el viento con las manos, frenar las olas, atrapar el agua entre los dedos... O evitar mi amor. Sí, aquí quería llegar. De esto es de lo que realmente quería hablar. De que estoy enamorada de ti, y de que no lo puedo evitar, por mucho que tú no me correspondas, por mucho que no me hables, por mucho que me odies o que no me soportes. ¿Qué quieres que haga? No puedo evitarlo. Y la verdad es que, por una parte, quiero evitarlo, quiero dejar de pensar en ti cada vez que cierro los ojos, quiero dejar de mirarte disimuladamente cuando no me miras, quiero dejar de hacer historias con nosotros como protagonistas. Por esa parte, quiero olvidarte, pasar página. Pero por otra, me resulta tan agradable oír tu voz, ver tu sonrisa, tontear contigo, que se me van las ganas de olvidarte. En fin, no tengo más que decirte. Solamente eso, que te quiero sin querer.

jueves, 24 de mayo de 2012

I'm Strong

Soy fuerte. Resistiré. Aguantaré el peso de tu partida con fuerza, honor, orgullo. Con la cabeza alta, la espalda recta. Aguantaré. No permitiré que tu repentino cambio de idea sobre mi, tu repentina falta de amor, me ahogue. No dejaré que el dolor se cuele ni siquiera por los resquicios de mi muralla de protección. Si tú fuiste tan mezquino y "malo" como para dejarme, no te daré el gusto de ver que me duele. No me importa. Haz lo que quieras. Disfruté de esos días, tú también, y eso es lo que importa. No es necesario llorar por ellos, ni porque se hayan acabado.
¿Qué hago ahora? Intento entender por qué. Finalmente lo comprendo: solo fui un capricho pasajero, un día te diste cuenta de que yo existía, y te gustaron mis labios, te parecieron atractivos para besar. Eso hiciste, los acariciaste con los tuyos. Pero después, en tu casa, dijiste: "¿Por qué salgo con ella? Yulisa está colada por mi, como la mayoría del instituto, y estoy perdiendo la oportunidad de salir con la tía más buenorra del insti. Bah, voy a dejar a esta boba y voy a ir con Yulisa." Y eso hiciste. De un día para otro. No, ni siquiera, de una hora a otra, decidiste que yo no importaba, y me dijiste: Te dejo, ahora estoy con Yulisa. y te fuiste a besuquearla a ella. Me enfadé, pero vi que a ti no te importaba, y pensé "¿Por qué recórcholis va a tener que importarme más a mi que a él? No pienso amargarme por eso" y seguí a lo mío. Claro que sí, sí que me estaba muriendo enterrada viva en el centro de mis ilusiones muertas en mi corazón, pero no pensaba demostrártelo. Volví a casa, hice mi rutina normal. Cuando llegué a mi habitación, me senté en la cama e intenté llorar. No pude. Únicamente cayó por mi mejilla un lagrimón solitario, en recuerdo de los días pasados. Sé que es una estupidez llorar por tiempos pasados, así que no lo hago.
Ahora tú estás con ella, y yo con él. Hemos cambiado, cambiamos físicamente, mentalmente, cambiamos. Y también cambiamos de amores. Los anteriores fueron fugaces: no menos importantes, pero sí más cortos. Ahora es algo más serio, somos más grandes. Tú estás con ella y yo con él. Y soy fuerte. Aguanté lo tuyo, lo suyo y lo del otro también. Y si este también es tan cabrón como para dejarme, aguantaré también. Soy fuerte. Resistiré.

sábado, 12 de mayo de 2012

Antítesis

-¡Mamááá...! ¡Te he dicho que no quiero ir! - gritó Celia, enfadada.
-¡No me importa que quieras ir o no , pasarás allí todo el verano!- contestó su madre.
Celia se estremeció al pensar en lo que le esperaba: un verano ENTERO encerrada en una maldita escuela-residencia privada femenina de verano. Grrr... ¡Cómo si no fuera suficiente con ir a clase durante todo el curso! Intentó no recordar que sus amigos se divertirían en la playa, mientras que ella sufriría encerrada en... ¡Basta! No iba a pensar más en ello. Se deprimiría tanto que no podría seguir intentando convencer a su madre de que la dejara no ir, y esa no era una idea que le agradara.
-Maaaaaaaaaaaaamiiiii.... ¡Por favor! ¡No puedes pedirme que me pase TOOOOOOODO el verano encerrada allí!
-Celia, ya hemos hablado de esto. No te has comportado como debías, y vas a pagar por ello.
-¿¡Estando en una residencia privada femenina todo el verano!?
-Exactamente.
Celia lo sabía, no era la hija ejemplar, precisamente... A sus 17 años fumaba, se escapaba de casa para ir de discotecas, tenía "líos" con chicos... Por no hablar de clase: no estudiaba nada, suspendía casi todas las asignaturas... Y también tenía un carácter muy potente: ¡más te valía no faltarle el respeto, porque podía llegar a pegarte! Ella se excusaba diciendo que eran misterios de la genética, pero en el fondo  hasta ella misma sabía que el adjetivo que mejor la calificaba era "conflictiva". Si no estaba metida en una pelea o lío, montaba uno. Pero, a pesar de todo eso, no se esperaba que su madre la castigara así.
-A ver, mamá - empezó a decir con la mayor paciencia y tranquilidad posible - sé que no soy perfecta, precisamente, ¡pero tampoco puedes hacerme esto! - terminó gritando -¿Nunca hiciste ninguna trastada?
-No es cuestión de haber o no hecho alguna trastada, sino que este año has suspendido las doce asignaturas, aparte de que casi te expulsan DOS veces y de que tienes varios partes de incidencia. Hija, ¿por qué haces tantos problemas?
-Yo no los hago, ni los quiero, ¿crees que sí? Solo es que... Bueno, los problemas me persiguen a mi, ¡no es mi culpa!
-Basta, no hay más que hablar, Celia, vas a ir al Teater este verano, punto final - su madre se dio la vuelta y salió de la habitación de Celia. Ésta la siguió hasta el salón, intentando convencerla. Estaba a mitad de frase cuando llegó su padre. Éste le imponía muchísimo respeto, pero en aquel momento estaba fuera de sí y siguió gritando.
-¡Celia! - dijo su padre con su voz grave.
Ahora sí se calló.
-Vas a ir a Teater, ¿de acuerdo?
-Pero yo... - dijo Celia, con voz débil
-No hay otra opción. Lo siento. Vete haciendo ya la maleta. Estarás allí en 3 días.
-Sí, papá - dijo Celia con la cabeza baja.
Volvió a su habitación y cerró la puerta. Empezó a separar las cosas que se llevaría: el portátil y su cargador, la cámara de fotos y su cargador, el neceser, algún bolso, ropa... Éste era el tema más delicado, ya que tendría que usar uniforme  y no podría utilizar su ropa muy a menudo. Siguió rebuscando en su armario, indecisa.

                                                                       *        *       *

-¡Mamááá...! ¡Por favor! - Gritó Alicia.
-Ali... Te he dejado muy claro que no vas a ir, lo siento mucho.
Alicia estaba en la situación totalmente opuesta a la de Celia. ella quería ir al Teater, y sus padres no se lo permitían.
-¡Por favoooooooooorrrrrrr.....!
-No, mi decisión es firme.
-Mami... Este año he sacado todo sobresaliente en la 2ª Evaluación, y probablemente será igual en la 3ª. Además, no he tenido ningún problema en clase, ni con mis amigas. ¿Por qué no me dejas? Dinero para pagarlo no nos falta, y sabes que lo voy a provechar.
-No vas a ir, y punto final- dijo su madre, saliendo de la habitación.
Alicia la siguió, y se enfrentó a ella en el salón, también. En ese momento llegó su padre. Éste la adoraba. No habían más palabras. Alicia supo así que tenía la batalla ganada. Dejó de intentar convencer a su madre para atacar las débiles murallas de su padre.
-Paaaaaaaaaapiiiii... poooooooooorfaaaaa, déjame ir al Teater este verano... Sabes que me hace mucha ilusión... Porrrrfiiii...
-Esto... Mary, ¿tú qué opinas?- le preguntó a su esposa
-Yo ya le he dicho que no, pero me imagino que tú querrás dejarla que vaya, ¿no?
-No veo el motivo para decirle que no - replicó Carlos, el padre.
-¿Podemos hablar un momento en la cocina?
-Emmm... Claro, por supuesto.
Ambos se van a la cocina, dejando a la dulce Alicia sola en el salón.
-Carlos, no quiero pasar otro verano sin ella... El anterior me resultó muy difícil, y, además, no la tuve controlada como aquí, y ya sabes lo que me incomoda eso. No pienso permitir, de ninguna manera, que Alicia se mezcle en grupitos extraños que se... droguen, y fumen... y todas esas cosas, y si ella no está aquí no puedo controlarla...
-Mary... Tu hija va a cumplir ya 17 años a mitad de Junio, ¡no puedes controlarla constantemente! No te digo que vaya a ser bueno que se junte en grupitos feos, pero tampoco lo va a ser que se quede solísima en casa durante todo el verano.
-¡Pero si yo no pretendo eso! ¡Yo la dejaría con Lewis, el mayordomo! ¡No estaría sola!
Una mirada de reprobación de su marido le cerró la boca.
-Pero... Pero...
-Mary... -su marido se acerca a ella y la abraza, apretando la cabeza de ella contra su pecho - Yo sé que quieres protegerla, y que todo lo que haces es por su bien, pero... Así le haces más mal que bien. Pasar el verano en el Teater le abrirá muchas puertas, especialmente ahora que va a pasar a la universidad. Además, también le aporta un bien sentimental: ella se siente feliz allí, tiene incluso un grupo de amigas. Déjala ir, ya verás que no le pasa nada.
-Pero es mi... mi bebé, ¿y si se mete en un grupo malo de chicas rebeldes...?
-Eso no va a pasar: primero, porque ella es muy buena chica y muy inteligente, así que no se meterá, seguro; y segundo, porque el Teater es un colegio bueno, de chicas de buenas familias, que no tienen malas influencias, así que no pasará nada. Lo prometo. Ahora, ¿quieres ir a decírselo?
-Vale- dice Mary , secándose las lágrimas- Más te vale tener razón- y besa a su marido.

Minutos después, Alicia está que estalla de la felicidad, no cabe en sí misma de la alegría que tiene. ¡Podrá ir a su querida escuela! Y, en secreto, ¡Podrá volver a ver a su queridísimo novio! Tal vez después de este verano consiga convencerlo (y a sí misma) de atreverse a contárselo a sus padres.