sábado, 10 de diciembre de 2011

Esperanza

Es él. Él me gusta, pero: shhh, es un secreto. No lo sabe nadie. Le conozco desde siempre, le miro todos los días. Sé quién es, cómo es, qué le gusta. Él no sabe quién soy, cómo soy qué me gusta. Yo me imagino cómo será su abrazo, su beso, su cariño. Él no se imagina nada conmigo. Sueño con él, pienso en él, invento historias con él. Él no sueña conmigo, ni piensa en mi, ni inventa historias conmigo. Todavía. Pero tengo la esperanza de que este "todavía" sea después un "dentro de poco", y que luego desaparezca. Tengo la esperanza de que algún día me vea, que otro me me mire y que otro desee no dejar de mirarme. Tengo esa esperanza. Sé que se cumplirá.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Poesía #3

Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
Y he querido sin querer y estoy sin querer queriendo.
Si porque te quiero
quieres que te quiera mucho más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres, 
quieres más? 
                                                  Poema popular

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cortar por lo sano... Aunque duela

Nina y Tom se habían peleado. Nina se había quedado con dudas, y algo enfadada por el recelo de Tom, y creía que la estaba traicionando. Él, en cambio, se sentía culpable por no decirle a Nina toda la verdad, y orgulloso por no haber desvelado el secreto. Por descontado, ambos estaban tristes y algo avergonzados por su comportamiento. A ver si se reconcilian...


                                                                        *          *         *

Qué mal me siento. Quiero decírselo, pero es que no puedo... Me siento como en un callejón sin salida. No sé qué hacer. Miro el despertador. No he dormido. Son la siete menos cuarto de la mañana, y, aunque puedo seguir en la cama, intentando dormir, decido  levantarme. Me pongo un chándal, una camisa, las deportivas y cojo una chaqueta. Tengo el estómago revuelto, no desayuno. Subo al coche, y conduzco. Salgo de la ciudad, y me voy a una montaña cercana. No sé que voy a hacer. Aparco el coche, me pongo la chaqueta, cojo el móvil, y empiezo a subir la montaña. Me canso, me empieza a faltar el aliento, pero el aire puro y frío, ese con olor a humedad entre los árboles, me va despejando la mente. Cuando llego a la cima de la montaña, me paro, y voy hasta el borde, a observar la ciudad. Es casi mediodía. Me quedo allí arriba un rato, dejando que el aire fresco me refresque por dentro. Pienso en Nina, en todo lo que ha pasado, en esos momentos que hemos compartido juntos, y se me ocurre una opción. No es la mejor, porque significa aplazar el secreto, pero así a lo mejor consigo volver con ella. Sí, eso haré. Vuelvo a bajar la montaña,  subo al coche, y voy rápidamente a casa. Me ducho, me como un sándwich rápido, y voy a comprar alguna flor bonita. En la floristería, elijo una rosa morada. Me llama la atención, nunca había visto ninguna así. Me recuerda a Nina, porque es delicada y hermosa. La compro y voy a su edificio. Le pregunto al portero si está en casa, pero me dice que la vio salir hace un buen rato. Le agradezco y empiezo a ir a los sitios donde creo que puede estar. Pienso en la piscina, pero desecho la idea: es domingo, está cerrada. Busco en varios sitios, pero no la encuentro. Termino llamando a Claire, su amiga. Cuando por fin me atiende, me sorprende diciendo:
-¿Qué quieres?                    
-¿Claire? Qué brusca estás hoy.
-Me he enterado de lo que has hecho, y no me gusta nada de nada.
-Lo sé, lo siento, por eso te llamo, para saber si sabes dónde está Nina.
-No, no lo sé, lo siento.
Y cuelga el teléfono. Así me ocurre con varias amigas más: o me responden mal, o cuelgan el teléfono al escuchar mi voz. Algunas ni se molestan en coger el teléfono.
Pero una sí me atiende.
-¿Marie? Por favor, no cuelgues el teléfono. Es importante.
-¿Tom? ¿Qué ocurre?
-NECESITO saber dónde está Nina, es muy importante. ¿La has visto, o se te ocurre dónde puede estar? Porque yo...
-Sé donde está- me interrumpe- .Está conmigo. Estamos en la cafetería Lighty. Yo me voy a ir en 10 min, y si quieres hablar con ella, date prisa.
-Espera, espera. ¿Sabes lo que ha pasado?
Parece dudar- Esto... Si.
-¿Y no estás enfadada conmigo, ni quieres matarme, ni nada? ¿Encima me ayudas? ¿Qué ocurre?
-Lo que pasa, Tom, es que yo sí sé lo que pasa. 
-Oh, no... No se lo digas a Nina, por favor. Quiero decírselo yo, porque es alg...
-Lo sé- me vuelve a interrumpir-. Cállate y arréglalo. No he dicho nada. Suerte. Adiós.
Y cuelga el teléfono. Me doy prisa en llegar. Cuando estoy en la puerta del Lighty, la veo salir. Bajo del coche, y me acerco a ella, con la rosa en la mano. No sé qué puede llegar a pasar. 

                                                                        *          *         *

He tenido una noche horrible. Casi no he dormido. El poco rato que logré conciliar el sueño, tuve horribles pesadillas. Me he levantado tarde. Temía mirar el espejo, imaginaba que tenía unas tremendas ojeras. No me equivocaba, pero no tenía fuerzas ni ánimos para taparlas. Me tomé un zumo de naranja a duras penas, y no me comí ni una galletita. Me di una ducha, a ver si me aclaraba, pero tampoco. Quise llamar a alguna de las chicas, porque sentía que no podía quedarme callada, pero no lo hice. Al final quedé con Marie en el Lighty, para charlar y despejarme. Fui en bici, no tenía ganas de subir al autobús ni pagar un taxi. Tampoco tenía a nadie que me llevara. Cuando llegué, vi que Marie me estaba esperando. No hizo falta que le contara nada. Ella, no sé cómo, siempre sabe todo sobre mi relación con Tom, y le he contado muy poco. Supongo que él le habrá dicho mucho, ya que son amigos desde la infancia. Al principio, estuve celosa de Marie, porque estaba mucho tiempo con Tom, y ella es muy atractiva. Tiene una hermosa cabellera rizada, de un color cobre, y unos ojos azules preciosos, como el azul del mar. A pesar de todo eso, nunca ha tenido novios de más de una cita. No termino de entender por qué. Es guapísima, y una chica con la que se puede hablar de absolutamente todo: desde problemas de chicas hasta problemas del país. Sigo sin entenderlo. El caso es que charlamos un rato, y en un momento le suena el móvil. Me dice que es importante, así que sale fuera y me quedo sola. Cuando entra, me dice que tiene que irse. Le pido unos minutos más. Hablamos un poco y se fue. Pago mi batido y salgo. Estoy buscando el móvil en mi bolso, cuando veo un coche familiar acercándose. Por una parte, espero que sea él, que se disculpe, me cuente ese secreto tan chungo y todo sea como antes. Por otra, no quiero que sea él, porque sé que mi otra fantasía es, probablemente, falsa, y sé que descubrirlo me va a doler. Pero cuando lo veo bajar, no me puedo engañar más. Viene hacia mí, y no puedo aguantarme más. Levanto la vista hacia esos ojos de un color castaño extraño, a veces más claro, a veces más oscuro, e intento poner una mirada acusadora. No me cuesta mucho, es verdad que me siento mal. Me entrega una extraña rosa morada, y dice:
-Lo siento. Nina. Me he equivocado, y me gustaría volver contigo. Perdóname.
-¿Qué te hace pensar que te voy a perdonar? Sé que ese secreto va a seguir ahí, y que no me lo vas a contar. ¿Me equivoco?
-No -parece que le cuesta decirlo, y sé que le estoy haciendo daño, pero no puedo reprimir más las palabras hirientes.
-Bueno, pues, como no me lo vas  contar, y al no hacerlo, contradices todo lo que te pido que hagas: confiar en mí, sincerarte, pues creo que esto no va más. Lo siento, no soy más tu novia.
Le tiro la rosa a los pies, me subo a mi bici y me voy a casa. Sé que le ha dolido, tal vez tanto como a mí me ha dolido decir esas palabras, pero es lo que siento, y no me puedo reprimir. Si sé que esto va a ir mal, corto por lo sano y le dejo, no pienso quedarme con alguien que me hace daño. Me siento mal, cuando llego a casa me zumban los oídos y me duele la cabeza. Lleno la bañera con agua caliente, cierro todas las cortinas  y me meto en la bañera. No quiero pensar más, quiero que con el baño se me vayan los dolores y los reproches que se están formando en mi mente. Me siento mal, pero ya está hecho así que ¿cómo lo arreglo?

martes, 29 de noviembre de 2011

Sincérate... Por favor

Nina y Tom empiezan una relación. Poco a poco se van soltando... Y cogiendo confianza, como... Bueno, como una pareja normal.

                                                                        *          *         *

A ver... Ya me he puesto el vestido, los pendientes, la pulsera dorada, y... ¡Ya sé qué me falta! ¡Las bailarinas! Uhm... ¡Las tengo! Cada vez que las miro recuerdo que, una de las primeras veces que me las puse, fue cuando empezó todo con Tom, hace ya... ¿Seis meses? Guau, qué rápido pasa el tiempo... Miro el reloj, y veo que me da tiempo a hacerme una trenza, lavarme los dientes y bajar. Sigo viviendo en este edificio aaaaalto, en mi pisito de colores claros. En diez minutos estoy abajo, ya enviándole un mensaje  a Tom para ver donde está. Acabo de darle al botón de "Enviar" cuando veo las luces de su coche en la esquina.  Para delante mío, subo al coche y le saludo con un beso.
-Hola - me dice, con esa voz que tanto me gusta -Estás preciosa.
-¡Gracias! A mi me gusta tu camisa -respondo con una risilla.
Vamos en coche hasta un restaurante de pasta que queda cerca del Río Hudson. Cenamos allí, tranquilos, comiendo comida rica y charlando sobre nuestro día de hoy. Cuando le pregunto sobre su trabajo, me responde con evasivas, y cambia rápido de tema. Estoy disfrutando, y aparto esa vocecilla de mi mente que sospecha de él. Ya abordaré el tema más tarde. Cuando terminamos de cenar, paseamos un rato por la orilla del río, y luego vamos a casa, mi pisito.  Le vuelvo a preguntar sobre el trabajo, y termina enfadándose y yendo a su pisito. Me siento en mi cama, triste porque hoy dormiré sola. ¿Qué pasará...?

                                                                      *          *         *

Vamos a ir a cenar al restaurante ese cerca del Hudson, que tanto me gusta. Paso a buscarla, vamos, cenamos, todo bien. Hasta que me pregunta sobre qué tal en mi trabajo. "Oh, no", pienso, y rápidamente me invento una excusa y cambio de tema. La miro de reojo, y veo que ha bajado la cabeza hacia su plato, ocultando su cara bajo la cortina de pelo, en ese gesto tan suyo, y sé que está dudando. Quiero contarle todo, entregarme entero a ella, y cuando estoy separando los labios, veo que levanta la cabeza, con una expresión resuelta, y, si no me equivoco, ha dejado de pensar en el tema. Ya se lo contaré en otro momento... Terminamos de comer, paseamos un poco y vamos a su casa. Miramos un poquito de una peli que dan en la tele, y durante la publicidad, me vuelve a preguntar.
-Oye... Dime, ¿qué pasa con  lo de tu trabajo?
-Te he dicho que no quiero hablar de eso... Por favor, Nina, no insistas...
-Es que, Tom, una relación se basa en confianza y sinceridad ABSOLUTA en el otro, y si no me dejas que me fíe de ti, ¿cómo quieres que sigamos?
-Nina, quiero contártelo, pero es que...
-¿"Es que..." qué, Tom? Si esto va a seguir así, mejor me voy a dormir.
-Bien, yo me voy a MI casa, ahí no me acosan a preguntas.
-Bien, yo me voy a MI cuarto, donde no hay secretos.
-¡BIEN!
-¡BIEN!
Y me voy, dando un portazo. Subo al coche y pongo Rock, lo único que hace que no piense. E, inconscientemente, paso las canciones hasta llegar a la que más le gusta a ella. Cuando me doy cuenta, cambio bruscamente de canción, y llego a casa. Al dejar de escuchar música, vuelven a mi cabeza los pensamientos de vergüenza y remordimiento. Me echo en la cama, y muchas veces marco su número, o escribo el mensaje en el que le explico todo, pero nunca acabo. Siempre termino volviendo a dejar el móvil sobre la mesilla de noche. Busco en la tele algún partido de fútbol que me distraiga. Evito inteligentemente el canal donde estaban dando la peli que veíamos, y me duermo escuchando los comentarios sobre el partido y un montón de ideas para disculparme.
                                                       

viernes, 25 de noviembre de 2011

Poesía #3

              YO
Yo, el desvergonzado,
travieso, alocado,
que por ti me atrevo
y todo lo pruebo:
magia, equilibrismo
o malabarismo;
que bailo con zancos
o salto los bancos,
que ensayo piruetas
con mi bicicleta
o ando de cabeza
con las piernas tiesas;
que hasta disfrazado
paso por tu lado
para que me mires,
para que suspires,
por el superpibe
que todo consigue...
No me animo, hermosa,
a hacer una cosa,
la más sencillita,
tan dulce y bonita
como tu mirada
-pichoncito de hada-
Ah, que tengo miedo,
que no, que no puedo,
decirte un sincero:
¡Te quiero!, ¡Te quiero!


                                   Elsa Bornemann
                                   El libro de los chicos enamorados, Alfaguara.

Poesía #2

 ROMANCITO DE TODOS LOS COLORES

Blanca cuando te encontré.
Cuando te miro, rosada,
o -de sol entre los ojos-
te pones anaranjada.
Azul azul cuando ríes
te vuelven las carcajadas
y tu sonrisa es celeste,
fruta negra en la mirada.
Juegas de verde o violeta,;
si sueñas, otra vez blanca.
Grisecita cuando lloras,
por lluviosa y por nublada.
No sé por qué me pareces
amarilla cuando callas,
como si sombra de trigo
sobre ti se reflejara.
Sólo me falta encontrarte
colorada colorada:
será cuando con un beso
yo te tiña, enamorada.

                                 Elsa Bornemann
                                 El Libro de los Chicos Enamorados, Alfaguara

Poesía #1

                                                                             RESPUESTA


Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras,
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde. [...]

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría querría que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte. [...]

Si ahora yo te dijera,
que es tu vida esa roca en la que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llana de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, qué sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo, tenía que ser sin palabras,
como tú me entendieses.

                                  José Hierro
                                  Antología, Visor